Trenes Fantasmas: El Viaje Interminable en la Terminal La Coubre de La Habana

martes, 17 de febrero de 2026

En pocas palabras

Cientos de pasajeros sufren largas esperas y cancelaciones en la Terminal La Coubre de La Habana, reflejo del colapso del transporte cubano.

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Qué pasó

El murmullo de la noche habanera se hizo eco de una triste verdad: el transporte en Cuba, esa arteria vital, parece colapsar. Este viernes, en las terminales, la paciencia se estiraba como chicle bajo el sol. Trenes que no llegaban, ómnibus que se esfumaban, vuelos que jugaban al escondite. Una sinfonía de demoras y cancelaciones.

La usuaria Disa, con el alma en un hilo y los pies cansados, lo contó en Facebook. Había pasado la noche, entera, en La Coubre, esperando un tren que era fantasma. Cientos, como ella, veían pasar las horas sin que el hierro les llevara a su destino. Una postal amarga de la isla.

Dónde y cuándo

La escena principal se dibujó en la Terminal de Trenes de La Coubre, en la vibrante, aunque a veces desolada, Habana. Era un viernes, y las horas se arrastraron desde la tarde hasta el amanecer del día siguiente. La gente, apretada y con rostros de cansancio, llenaba los andenes.

Entre ellos, Disa, la voz que se alzó, describiendo el frío de la espera y la frustración. Cientos de vidas suspendidas, entre el cemento y la esperanza marchita de un viaje. El aire, denso de quejas y suspiros, era el único compañero constante en aquella larga noche sin trenes.

Por qué es importante

Este caos no es solo una molestia, es una mordida profunda en la vida diaria de la gente. Es el estudiante que no llega a clase, el trabajador que pierde el día, la familia que no puede reunirse. Cuando el transporte falla, el ritmo de una nación se traba, se detiene.

Más allá del cansancio de los pasajeros, esta situación es un espejo. Refleja los problemas grandes y viejos de la isla: la falta de dinero, las máquinas viejas, la gestión que no encuentra el camino. Es la señal de que algo más profundo se rompe y afecta la movilidad, un derecho tan básico.

Qué dicen las partes

Desde los bancos de la terminal, los pasajeros eran claros. "No hay capacidad para todos", murmuraban, señalando con el dedo la escasez de vagones, la falta de gasolina y el óxido en las vías. "Este gobierno nos tiene embarcados", se escuchaba, un lamento que era grito.

Mientras tanto, los expertos en esto de mover gente, desde sus despachos, ponían el foco en otra parte. Hablaban de años sin invertir, de máquinas sin mantenimiento, de una economía que ahoga. El sistema, según ellos, es una barca rota en medio de un mar bravo, sin remos ni brújula.

Qué viene ahora

La vista hacia el horizonte no trae naves cargadas de soluciones rápidas. La gente sigue, día a día, con la misma incertidumbre. Miran las paradas y las estaciones con una mezcla de resignación y una chispa de esperanza.

Lo que viene es más de lo mismo, hasta que no se muevan piezas grandes. Se espera que las autoridades, quizás, den respuestas más allá de la espera. Mientras tanto, la paciencia del cubano, esa virtud tan probada, sigue en juego en cada terminal, en cada carretera, esperando un tren, un ómnibus, un viaje.

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