El USS George H.W. Bush: Gigante Naval Americano Ronda las Costas de Cuba

jueves, 22 de enero de 2026

En pocas palabras

El portaaviones nuclear USS George H.W. Bush realiza maniobras cerca de Varadero, Cuba. Este inusual despliegue es una respuesta táctica tras recientes eventos en la región.

Mas detalles

Qué pasó

Las aguas cercanas a Cuba, esas que el sol tuesta sin piedad, ahora sienten un pulso distinto. El portaaviones nuclear USS George H.W. Bush, un gigante de acero y poder, se ha posicionado.

No es un barco cualquiera. Este coloso de la Marina de Estados Unidos está realizando ejercicios navales. Maniobras de reabastecimiento en el mar, prácticas de tiro, el despliegue es completo.

Dónde y cuándo

Imaginen el horizonte de Varadero, donde el azul se mezcla con la arena, y a unos 96 kilómetros de esa costa, surge la silueta imponente del portaaviones. Es el jueves 22 de enero de 2026, y el aire caribeño transporta el eco de las turbinas y los aviones.

Este buque no llega solo. Otros navíos anfibios, como el USS Iwo Jima y el USS San Antonio, también se mueven por la zona, reubicándose desde Venezuela hacia el norte de Cuba. Es una danza naval, un movimiento de piezas en el tablero del Caribe.

Por qué es importante

La presencia de este portaaviones no es un capricho del mar. Es, según los que saben leer las olas, una respuesta táctica. Una ficha sobre la mesa del Pentágono, tras esos días agitados que vieron la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro a principios de enero.

Para Washington, es una forma de proyectar su fuerza, de recordar su alcance en el hemisferio. También busca asegurar rutas marítimas y mantener la vigilancia en una región que, de pronto, se ha vuelto más movediza.

Qué dicen las partes

Desde La Habana, el silencio es la respuesta oficial. Cuba no ha dicho esta boca es mía sobre la llegada del buque. Una calma aparente frente a la tormenta que se adivina.

Mientras tanto, en Estados Unidos, la administración recalca que mantendrá su presencia militar. Quieren reforzar la capacidad de respuesta, estar listos para cualquier eventualidad. Los analistas, desde sus despachos, hablan de disuasión, de una estrategia clara. Otros, sin embargo, susurran que es una receta para más tensión, un juego peligroso para la estabilidad de la región.

Qué viene ahora

El telón de este acto no se ha bajado. Aunque algunos barcos han empezado a retirarse de otras zonas del Caribe, la promesa de Washington es firme: sus activos militares se quedan. La vigilancia continúa.

El futuro es incierto, como la marea. Pero una cosa es clara: la Marina de Estados Unidos seguirá atenta, lista para misiones estratégicas en el Atlántico y cerca de Cuba. Es un ajedrez naval donde cada movimiento cuenta.

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