El Transporte Estatal Cubano Cae un 93% y Paraliza la Isla
lunes, 2 de febrero de 2026
En pocas palabras
El transporte estatal en Cuba sufrió una dramática caída del 93% en 2025, complicando gravemente la movilidad de sus habitantes.
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Qué pasó
Imaginen una ciudad donde los autobuses se desvanecen, donde el ir y venir de la gente se hace un reto titánico. Eso es lo que se vive en Cuba, donde el transporte gestionado por el Ministerio del Transporte (Mitrans) sufrió una caída brutal. Entre enero y septiembre de 2025, los servicios de pasajeros se desplomaron un 93% comparado con el año anterior, una cifra que suena a vacío.
Los famosos «fletes», esos autobuses de empresas estatales que movían multitudes, casi desaparecieron. Pasaron de transportar 40,2 millones de pasajeros en 2024 a apenas 900.000 en el mismo periodo de 2025. Una reducción del 97% que dibuja un paisaje casi inmóvil.
Dónde y cuándo
Esta drástica parálisis se concentró en Cuba, específicamente entre enero y septiembre de 2025. Los datos, frescos y duros, fueron recogidos por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) y circulados por la agencia EFE. La escena se repite en cada parada, bajo el sol implacable, con gente esperando horas por un autobús que quizás nunca llegue.
Aunque algunos servicios interurbanos y rurales vieron un repunte, esto parece más un reflejo de la desesperación por encontrar alguna forma de moverse que una verdadera mejoría. Es la hora de la paciencia en las calles de la isla, mientras la vida cotidiana se ralentiza al ritmo de la escasez.
Por qué es importante
Cuando el transporte público falla de esta manera, la vida de un país se resiente en lo más profundo. Esta crisis no es solo una cifra; es el estudiante que llega tarde a clase, el trabajador que pierde horas valiosas, la familia que no puede reunirse. Es la espina dorsal de la sociedad que se dobla bajo el peso de la inmovilidad.
La caída del 93% en el transporte estatal agrava una situación que ya era tensa. Esto impacta la productividad, el acceso a servicios básicos y la moral de la gente, tejiendo una red de desafíos diarios que pocos pueden sortear sin un costo personal. Se cierran puertas y oportunidades con cada autobús que no circula.
Qué dicen las partes
La ONEI puso los números sobre la mesa, fríos y claros, confirmando el descalabro. Mientras tanto, el gobierno había prometido una bocanada de aire fresco para diciembre de 2025, con la reincorporación de entre 40 y 50 ómnibus reparados para La Habana. Sin embargo, ese plan se quedó en promesa; ningún vehículo entró en servicio a tiempo. Las reparaciones siguen en Guanajay, Artemisa, con un proyecto que busca recuperar 100 autobuses gracias a una donación china.
Los expertos no se sorprenden. Llevan años advirtiendo sobre una flota envejecida, la escasez crónica de piezas de repuesto y la falta de combustible. La situación se volvió más crítica en 2026, con la interrupción de los envíos de petróleo desde Venezuela, un golpe que ha dejado más vehículos en los garajes.
Qué viene ahora
El camino por delante parece empedrado y largo. Las reparaciones de los autobuses, respaldadas por la generosidad china, son una luz, pero avanzan lentamente. Mientras tanto, la vida no se detiene y la gente busca soluciones alternativas, desde bicicletas hasta los famosos “boteros” (taxis privados) que cobran precios elevados.
La sombra de la escasez de combustible, agravada por la interrupción del crudo venezolano, sigue siendo un fantasma que acecha. La capacidad operativa del transporte estatal seguirá comprometida. Habrá que mirar de cerca si esos 100 autobuses logran salir a la calle y si el país encuentra una forma de moverse, de seguir su ritmo, a pesar de los obstáculos que se amontonan en el asfalto.
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