Tragedia en la Carretera de las Ocho Vías: Anciano Fallece Atropellado en el Kilómetro 22

jueves, 29 de enero de 2026

En pocas palabras

Un hombre mayor perdió la vida tras ser atropellado en el kilómetro 22 de la Carretera de las Ocho Vías, reavivando el debate sobre la seguridad vial y las deficiencias de la vía.

Mas detalles

Qué pasó

Una sombra se tendió sobre la Carretera de las Ocho Vías. En el kilómetro 22, un transeúnte, un hombre ya de años, cruzaba su camino cuando un vehículo, quién sabe cómo, lo encontró. Fue un instante fatal. Allí, en el asfalto, su vida se detuvo, dejando un eco de lamento.

La noticia, como un susurro con prisa, corrió entre los vecinos, llenando de consternación el aire. Otro dolor para la estadística, otra alma que se va antes de tiempo en el trajín diario de las calles.

Dónde y cuándo

La escena se pintó en la Carretera de las Ocho Vías, justo donde la señal marca el kilómetro 22. Fue en estas últimas horas, bajo un cielo que a menudo es cómplice de la poca luz.

El protagonista involuntario fue un caballero de la tercera edad, un anciano que quizás solo iba de un lado a otro. El asfalto, el crepúsculo o el amanecer temprano, la prisa de un motor; todos fueron parte de ese encuentro fatal. Los que por allí pasan conocen el pulso de la vía, sus sombras y sus trampas.

Por qué es importante

Este suceso no es solo un número más en el almanaque de tragedias. Es un espejo que muestra el peligro constante para los que caminan y los que manejan en nuestras carreteras. Hablamos de la vida que se va, pero también de la fragilidad de nuestra seguridad en el camino.

Para los que viven cerca y los que usan la vía a diario, es un recordatorio amargo. Es una señal, roja y parpadeante, sobre lo que se puede perder y lo que urge cambiar. Este tipo de accidentes nos grita que hay grietas profundas en la manera en que nos movemos y en cómo protegemos a los más vulnerables.

Qué dicen las partes

Una voz, la de Sairy Licea Chacón, se alzó para lamentar la pérdida. Dijo que el fallecido era un gran amigo, y con esas palabras el dolor se hizo palpable. Las autoridades, por su parte, se mantienen en el silencio de la investigación. Aún no hay un parte oficial que detalle los pormenores de esa noche, o de esa madrugada.

Mientras tanto, los que conocen el tramo de memoria, los vecinos y conductores habituales, no callan. Hablan de la oscuridad, de la falta de farolas que iluminen, de señales que se han borrado con el tiempo o que nunca estuvieron. Y, como un viejo disco rayado, mencionan el pavimento cuarteado, los huecos que son trampas en la noche. No es solo imprudencia, dicen; es también el camino que nos falla. Los expertos en seguridad vial, con números en mano, confirman que el mal estado de las vías y la falta de iluminación son factores que empujan estas tragedias.

Qué viene ahora

El expediente de este caso ya se ha abierto, y la investigación sigue su curso, como un río lento que busca su desembocadura. Sin embargo, más allá del papel, hay una voz que no se apaga. Ciudadanos y familiares de otras víctimas, con el dolor a flor de piel, levantan la mano. Piden a las autoridades que la luz llegue donde hace falta, que se pinte de nuevo lo que se borró y que se construyan los pasos que protejan a los que andan a pie.

La carretera de las Ocho Vías, y muchas otras como ella, espera. Se espera que las medidas prometidas no se queden en el eco de una noticia, sino que se conviertan en puentes de seguridad para que la vida no se desvanezca más en el asfalto.

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