Un temblor remueve Guantánamo, dejando grietas y calma
lunes, 9 de febrero de 2026
En pocas palabras
Un sismo sacudió Guantánamo, dejando grietas leves en edificaciones, pero sin heridos ni daños graves. Las autoridades evalúan y piden calma.
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Qué pasó
Un domingo cualquiera, el suelo de Guantánamo se movió con un susto corto. Un sismo, dicen los que saben de la tierra, llegó sin avisar mucho.
Dejó tras de sí no un desastre, sino la huella ligera de su paso: pequeñas grietas en algunas paredes. Por suerte, nadie tuvo que lamentar heridas. La gente sintió el temblor, sí, pero no hubo que correr a los hospitales.
Dónde y cuándo
La escena se montó en la provincia de Guantánamo, bajo el sol de este pasado domingo. El temblor se sintió, dicen, como un empujón bajo los pies.
Los protagonistas de esta historia, los edificios afectados, están en lugares como el Policlínico “Ciro Frías Cabrera” y una casa de médico en Jesús Lores, ambos en el Consejo Popular Jesús Lores. También, varias viviendas particulares mostraron sus fisuras, como si hubieran bostezado con el movimiento.
Por qué es importante
Este sismo es un recordatorio para los que habitan Guantánamo. Les dice que la tierra vive y se mueve.
Es importante porque, aunque no hubo daños mayores, enseña la necesidad de estar siempre listos. Abre la conversación sobre cómo protegerse y cierra cualquier idea de que aquí el suelo duerme siempre en paz.
Qué dicen las partes
Las voces oficiales, desde la provincia, contaron lo que veían. Los medios locales, como el Periódico Venceremos, fueron las primeras ventanas para el reporte.
Todos coincidieron: daños menores, nadie herido. Las autoridades pidieron calma, con la voz tranquila, y recordaron las viejas lecciones de la Defensa Civil. Dijeron: "Revisamos todo, pero lo primero es la gente."
Qué viene ahora
Los técnicos siguen en la calle, mirando cada pared, cada cimiento. Andan con sus cuadernos, anotando los detalles de las grietas.
La orden es clara: evaluar y asegurarse. Mientras tanto, se pide a la gente que no se fíe de rumores y que tenga siempre a mano la mochila de emergencia. Es mirar al cielo, pero también al suelo, sabiendo que la tierra puede volver a bailar.
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