Miami aprieta las tuercas: Negocios cubanos bajo la lupa
martes, 27 de enero de 2026
En pocas palabras
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, muestra nerviosismo mientras Miami-Dade intensifica la investigación y revocación de licencias comerciales vinculadas a Cuba, cerrando vías financieras vitales para La Habana.
Mas detalles
Qué pasó
Desde los balcones de Miami, se siente un temblor. El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, ya no disimula su inquietud. Lo que antes era pura retórica diplomática, hoy huele a pánico. Las autoridades de Florida, con una lupa bien puesta, han empezado a revisar y, más importante aún, a cancelar permisos de negocios que, de una forma u otra, hacían puente con la isla caribeña.
Una a una, las licencias federales se están cayendo. Ya no son solo anuncios de investigación; es la acción directa la que sacude el tablero.
Dónde y cuándo
La acción se concentra en el sur de Florida, justo ahora, en este enero de 2026. Primero, la ciudad de Hialeah destapó su propia investigación sobre casi trescientos negocios. Luego, en Miami-Dade, el recaudador de impuestos, Dariel Fernández, puso el dedo en la llaga. Dos licencias federales, una para Katapulk Marketplace LLC y otra para Maravana Cargo Inc., han sido anuladas.
Estas empresas exportaban a Cuba con fines humanitarios, pero se detectaron violaciones a sus condiciones. La brisa caliente del Atlántico trae los detalles: los permisos se otorgaron con límites claros, y esos límites fueron rebasados.
Por qué es importante
Para La Habana, esto es más que un simple tropiezo. Es una cuerda que se tensa, un salvavidas que se aleja. Estas operaciones eran una de las pocas puertas de entrada para las divisas que el gobierno cubano tanto necesita. Depende de excepciones, de intermediarios, de un ir y venir de dinero que ahora se mira con lupa.
Ya no es una cuestión de ideología, como alegan desde la isla. Aquí, en Miami, se trata de cumplimiento de la ley. Si las licencias se caen, se cierra un canal financiero vital, exponiendo la fragilidad de un sistema que, aunque habla de libre empresa, controla cada importación, cada exportación, cada moneda que entra y sale.
Qué dicen las partes
El canciller Bruno Rodríguez sale al balcón de la diplomacia y denuncia una "guerra económica", un supuesto complot. Su voz suena a reclamo, a victimismo, pero cada vez con menos eco.
Desde el lado de Florida, Dariel Fernández es claro: hay violaciones. Y no solo anuncia la revocación, sino que promete notificar directamente al Presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, y al Secretario de Estado sobre los riesgos de seguridad nacional. La comisionada de Miami-Dade pide detener todo hasta que haya auditorías transparentes. En la ciudad de Miami, un nuevo equipo vigilará los lazos empresariales. El mensaje es un eco en el aire: el papel ya no basta; se mira a quién beneficia realmente el negocio.
Qué viene ahora
La escena no termina aquí; apenas comienza el segundo acto. Se esperan más investigaciones, más revisiones. La presión política en el sur de Florida no cede, al contrario, se intensifica. Esto significa menos margen de maniobra para el gobierno cubano, menos vías para captar esas divisas sin rendir cuentas claras.
Es un cerco que se estrecha. El discurso desde La Habana podrá radicalizarse, podrá apelar más al "pueblo", pero la realidad de estas revocaciones es una herida tangible. El nerviosismo que se ve en el canciller no es por un discurso, es por las consecuencias reales que estas acciones tienen en sus bolsillos y en su control sobre la economía.
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