Llamas en Obrapía: Un Fuerte Incendio Sacude el Corazón de La Habana Vieja

domingo, 15 de febrero de 2026

En pocas palabras

Un incendio devoró parte de un edificio residencial en la emblemática esquina de Obrapía y Bernaza en La Habana Vieja, alertando a vecinos y bomberos.

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Qué pasó

Una tarde, la calma de La Habana Vieja se quebró de golpe. Un incendio, vivo y traicionero, comenzó a devorar una vivienda. Las llamas, veloces, tejieron una danza ardiente que atrapó la mirada de los transeúntes. El humo, una columna gris, se elevó como señal de alarma sobre los viejos techos.

Los vecinos vieron salir el hollín por ventanas y balcones. Fue un espectáculo de miedo y prisa. La gente corría, desalojando sus casas, temiendo que el fuego, con su hambre, se extendiera a los edificios contiguos.

Dónde y cuándo

Todo ocurrió en el corazón mismo de la capital, en la esquina bulliciosa de Obrapía y Bernaza. Era domingo, el quince de febrero de dos mil veintiséis, cuando el sol aún pintaba la tarde. La gente se detuvo, como estatuas sorprendidas, viendo la tragedia desplegarse.

Las calles estrechas, laberinto de piedra y tiempo, pronto se llenaron de sirenas. Los bomberos llegaron, con sus camiones rojos y sus hombres de acero, listos para batallar contra el enemigo invisible. Sus mangueras, como serpientes de agua, buscaban el corazón del fuego.

Por qué es importante

Este suceso, más allá del susto, pone el foco en un problema antiguo. Para los habaneros, cada llama es un recordatorio amargo de la fragilidad. Muchas de estas joyas arquitectónicas, testigos de siglos, se caen a pedazos por el tiempo y el olvido.

Un incendio aquí no es solo la pérdida de un techo. Es perder la historia, es perder lo poco que se tiene. Abre, sin duda, una herida que ya lleva tiempo sangrando en el alma de la ciudad.

Qué dicen las partes

Aún no hay voz oficial que aclare el origen de este desastre. Ni se sabe si hubo heridos, ni la cuenta exacta de lo que se perdió. Las autoridades, por ahora, mantienen el área cerrada, como un secreto a voces, mientras evalúan el daño.

Los vecinos, sin embargo, hablan con la angustia en los ojos. Cuentan que estos sustos son cada vez más frecuentes. Murmuran sobre los cables viejos, el descuido de años y la pena de ver su patrimonio en riesgo.

Qué viene ahora

Las investigaciones recién empiezan, como un lento rompecabezas. Buscarán el porqué, intentarán desentrañar si hubo alguna falta. Mientras tanto, la comunidad de La Habana Vieja sigue en vilo.

Mirarán, con ojos expectantes, cualquier señal, cualquier comunicado. El tiempo dirá si este incendio será solo una triste memoria o el chispazo para que se actúe por fin en la protección de estas casas que guardan tantos recuerdos.

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