La Habana recibe a Invicta: La primera tienda de relojes que despierta pasiones y debates

lunes, 19 de enero de 2026

En pocas palabras

La Habana se alista para la apertura de la primera tienda oficial de relojes Invicta, un evento que divide opiniones en las redes cubanas entre entusiasmo y crítica económica.

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Qué pasó

Imagínese usted un ventanal nuevo en la Quinta Avenida de Miramar. La Habana se prepara, con cierto murmullo y expectación, para la apertura de la primera tienda oficial de relojes Invicta en Cuba. Es un hecho que, de golpe y porrazo, coloca a la isla en el mapa de las grandes marcas internacionales, o al menos de una que aspira a serlo.

Este suceso, como una piedra que cae en agua tranquila, ya ha provocado ondas en las redes sociales. Las opiniones, como gaviotas dispersas, vuelan en distintas direcciones, alimentando un debate que va más allá de un simple reloj.

Dónde y cuándo

El lugar elegido para este desembarco relojero es, precisamente, en el corazón del elegante barrio de Miramar, en el municipio Playa. Un rincón de la capital que, de por sí, ya respira cierto aire de exclusividad y modernidad. Aquí, entre palmeras y edificios, el brillo de las nuevas vitrinas promete una escena distinta.

La cita está marcada en el almanaque para el próximo 22 de enero. No es un día cualquiera; se anuncia que la inauguración vendrá con una lluvia de promociones y descuentos. Un anzuelo, sin duda, para los curiosos, los coleccionistas y aquellos que, quizás, anhelan un toque de lujo asequible en su muñeca.

Para ponerlo en contexto, la marca Invicta nació en los Alpes suizos allá por 1837. Pero fue en Estados Unidos, tras un audaz relanzamiento en la década de los noventa, donde forjó su identidad actual: relojes robustos, de gran tamaño y diseños que no pasan desapercibidos, con mecanismos que van desde el cuarzo hasta los automáticos más precisos.

Por qué es importante

¿Por qué esta apertura es más que la simple venta de relojes? Porque es un pequeño engranaje, un nuevo tic-tac en la compleja maquinaria de la economía cubana. Para un sector de la población, significa el acceso directo a una marca reconocida, la posibilidad de evitar intermediarios y de sentir que la isla se conecta más con el comercio global. Es una ventana abierta a lo que antes parecía lejano.

Sin embargo, para otro grupo, esta novedad despierta preguntas incómodas y una legítima perplejidad. En un país donde la escasez sigue apretando y el poder adquisitivo se desdibuja, ¿es realmente una prioridad la llegada de relojes, algunos de ellos con precios que superan el salario medio de muchos? El debate no es solo sobre estética o funcionalidad, sino sobre las prioridades y las realidades de un pueblo.

Esta movida comercial marca, sin duda, un paso más en la lenta, pero constante, expansión de marcas internacionales en el entramado minorista cubano. Abre conversaciones sobre qué tipo de mercado se está construyendo y para quién.

Qué dicen las partes

En el gran escenario de las redes sociales, las voces se alzan como un coro diverso. Los entusiastas, con comentarios llenos de alegría, celebran la oportunidad de adquirir un Invicta "original", valorando la variedad estética y los precios relativamente accesibles que la marca ofrece a nivel global. Para ellos, es un signo de progreso y de normalización comercial.

En el otro lado de la balanza, los críticos, con un tono más sombrío, cuestionan la moralidad o la lógica de tal inversión. Señalan que, mientras algunos festejan la llegada de un reloj de cientos de dólares, la mayoría de los cubanos lucha por conseguir alimentos básicos o medicinas. Algunos incluso comparan la calidad de Invicta con otras marcas como Seiko o Citizen, sugiriendo que hay opciones de mayor valor por el dinero.

La marca Invicta, con sus líneas como Pro Diver, Speedway o Bolt, ha sabido captar la atención de un segmento de mercado que busca relojes vistosos y funcionales a precios que, internacionalmente, se consideran de gama baja a media. Sus precios pueden ir desde los 50 dólares por un modelo básico hasta más de 1000 por una edición especial.

Qué viene ahora

El 22 de enero, entonces, será mucho más que un simple corte de cinta. Será el primer capítulo de una historia que aún está por escribirse. Veremos si los cubanos, más allá del furor inicial, adoptan esta nueva oferta, o si el entusiasmo se diluye frente a otras urgencias cotidianas.

La apertura de Invicta servirá, de algún modo, como un barómetro para medir el apetito del mercado cubano por productos de consumo internacional y la capacidad de las personas para adquirirlos. Un ojo estará puesto en las ventas, otro en el eco de las conversaciones. La ciudad, con sus nuevos relojes, seguirá marcando su propio tiempo.

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