La Habana en penumbras: Apagones, escasez y la ruta incierta del combustible
sábado, 24 de enero de 2026
En pocas palabras
La Habana enfrenta una dura jornada con apagones, escasez de alimentos y combustible. La población vive con fatiga y resignación ante una crisis que se agrava.
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Qué pasó
La Habana, esa ciudad que respira historias en cada esquina, amaneció una mañana de finales de enero con el alma encogida. Una oleada de apagones, largos y oscuros, se extendió por sus calles, dejando a su gente a tientas en el silencio de las bombillas muertas. A esto se sumó la escasez de lo más básico, de aquello que llena la barriga y da fuerzas para seguir.
El cansancio social, como una marea silenciosa, subió por los barrios. Era una fatiga que no solo agotaba el cuerpo, sino también el espíritu, una espera sin fin bajo la sombra de la dificultad, con el combustible subiendo cada día su precio.
Dónde y cuándo
Esta escena, casi de película en blanco y negro, se vivió en La Habana, allá por un jueves reciente de enero de 2026. Los relatos llegan desde Guanabacoa, donde los cacerolazos rompieron la noche, hasta Marianao y Arroyo Naranjo, con apagones que se estiraron por más de nueve horas, incluso trece en La Güinera.
Personas como Diana, una estudiante de Veterinaria, sintieron el hambre en el aula, y como Irma, promotora de anuncios, vio su trabajo desvanecerse con la luz. Los precios de la gasolina, mientras tanto, echaban fuego en el mercado informal de Holguín y Sancti Spíritus, alcanzando cifras de espanto.
Por qué es importante
Esta situación no es un simple aguacero de un día, sino un temporal que cala hondo en la vida de cada cubano. Hablamos de la interrupción de lo más esencial: el alimento, el trabajo, el estudio y el simple descanso. Es una fotografía clara de las grietas en la infraestructura y la economía de la isla.
La indignación se hace sentir en el golpe de los calderos, una señal de que el hartazgo crece. La incertidumbre sobre el abastecimiento de combustible, marcada por el desvío de un barco petrolero, dibuja un futuro aún más complicado para todos.
Qué dicen las partes
Desde las aceras, los ciudadanos relatan su día a día. Diana cuenta cómo tuvo que dar un examen con el estómago vacío, porque el pan ya no da abasto y cada vez cuesta más conseguirlo. Irma, por su parte, describe una coreografía doméstica en la oscuridad, lavando y cocinando a la carrera cuando la luz asoma apenas una hora.
Los vecinos de Guanabacoa, con voz cansada, admiten que muchos ya están saltando comidas y se resignan a la situación. Desde el análisis externo, el experto Jorge Piñón observa la ruta cambiante del petrolero Mia Grace, ahora rumbo a República Dominicana, y solo puede confirmar que la incógnita del combustible se hace más grande.
Qué viene ahora
La escena no promete un telón que baje pronto. Con la inminente llegada del calor, que hará los apagones aún más insoportables, se espera que el cansancio social se acumule, quizás hasta el punto de desbordarse. La falta de sueño y la continua lucha por lo básico podrían intensificar las protestas en las calles.
Los ojos estarán puestos en el cielo y el mar, esperando cualquier señal que alivie la penumbra energética. Mientras tanto, La Habana y sus gentes seguirán navegando entre velas y resignación, un día a la vez, con la esperanza de que un nuevo amanecer traiga consigo una luz más constante.
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