Un Joven Cubano Desvela los Horrores del Servicio Militar: 'No Es Unidad, Es Prisión'
viernes, 23 de enero de 2026
En pocas palabras
Daniel Pérez Urrutia, de 21 años, denuncia abusos y torturas psicológicas durante su servicio militar en Cuba, describiéndolo como un 'infierno' de trabajo forzado y miedo.
Mas detalles
Qué pasó
Un joven cubano, Daniel Pérez Urrutia, decidió romper el silencio que envolvía su paso por el Servicio Militar Obligatorio. Sus palabras dibujaron un panorama desolador, un tiempo marcado por el abuso constante, el miedo que cala hondo y un agotamiento que le robó el alma. Para Daniel, aquellos meses no fueron una obligación, sino una verdadera pesadilla.
Relató cómo un ambiente de trabajo forzado, castigos sin sentido y humillaciones diarias se convirtió en su realidad. Esto contrastaba fuertemente con la historia oficial que vende el servicio como una escuela de valores y disciplina para la juventud de la isla.
Dónde y cuándo
La historia de Daniel, de 21 años, se gestó en los confines de una unidad militar cubana, donde pasó casi tres años, mucho más de lo previsto. Aquella "prisión disfrazada de verde", como él la llamó, vio sus jornadas comenzar antes de que el sol asomara, entre el frío de la madrugada, la suciedad de los rincones y la avalancha de gritos.
Las primeras semanas tuvieron una aparente normalidad. Sin embargo, al tercer mes, el escenario cambió por completo. La rutina se transformó en una sucesión interminable de chapear, cargar y pintar, intercalada con tareas degradantes como limpiar baños inmundos o lavar la ropa de los superiores bajo la sombra constante de amenazas físicas y verbales.
Por qué es importante
El testimonio de Daniel Pérez Urrutia es un eco que sacude la quietud de la narrativa oficial sobre el servicio militar en Cuba. Su voz alza una denuncia contra el sistema, revelando la otra cara de la moneda, aquella que muchos jóvenes experimentan lejos de la vista pública. Esto es importante porque pone en el centro del debate la realidad de miles de muchachos.
Su valentía abre una ventana a la discusión sobre las condiciones reales que enfrentan y el profundo impacto psicológico y personal que estas vivencias dejan. Podría, sin duda, animar a otros a contar sus propias historias, forjando un camino para el cambio.
Qué dicen las partes
Daniel Pérez Urrutia no se anduvo con rodeos. Declaró que la unidad militar no es tal, sino una "prisión de jóvenes disfrazada de verde", un sitio donde la tortura emocional y psicológica no se la desea a nadie. Habló de golpes seguros, de "cinco o seis contra uno", mientras estaban débiles y privados de sueño.
Relató un episodio donde un sargento le apuntó a la cabeza con un arma cargada, un momento de "terror puro". También, su liberación se demoró seis meses por meros pretextos administrativos, lo que le hizo perder un año universitario. Por su parte, la narrativa oficial siempre ha presentado el servicio como una escuela de virtudes y fortaleza.
Qué viene ahora
Con su historia al descubierto, Daniel no busca venganza, sino una forma de sanar y, quizás, encender una chispa en otros. Su testimonio es un llamado, un susurro que espera convertirse en un grito colectivo. Ahora, su relato se suma a otras denuncias que han ido emergiendo con el tiempo, pintando un cuadro sombrío de lo que muchos viven en el servicio militar.
El futuro dirá si estas voces logran generar un cambio real o si, al menos, consiguen que las secuelas de este "infierno" sean menos solitarias para quienes las sufren. La conversación está abierta, el telón se ha levantado sobre una realidad que pide ser mirada de frente.
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