El Velo Ruso: Madres Cubanas Claman por Hijos Desaparecidos en la Guerra

viernes, 23 de enero de 2026

En pocas palabras

Madres cubanas enfrentan la angustia por sus hijos desaparecidos en Ucrania, reclutados para Rusia bajo promesas de trabajo civil.

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Qué pasó

Un eco de angustia recorre las calles de Cuba. Varias madres, con el alma en vilo, buscan a sus hijos. Jóvenes que partieron hacia Rusia con la ilusión de un trabajo civil, prometido como una ventana a un futuro mejor, terminaron, sin aviso ni consentimiento, en las trincheras de la guerra en Ucrania.

Las familias denuncian un patrón de engaño: ofertas laborales atractivas en construcción, un viaje sin retorno aparente, y luego, el silencio. El sueño de prosperar se convirtió en una pesadilla de incertidumbre.

Dónde y cuándo

La historia se teje entre las brisas tropicales de Varadero y las vastas llanuras del este de Europa. Yoandry Rosabal Arias, hijo de Roxana Rosabal, despegó de Cuba el 6 de septiembre. Su madre perdió todo rastro el 29 de septiembre. Era un obrero que, según le dijeron, construiría en Rusia.

Antonio Rolando Niebla González, hijo de Yamileth González, viajó en enero de 2024. Tres meses después, una llamada heló la sangre de su madre: “Mamá, estoy en la guerra”. La última comunicación fue el 22 de mayo de 2025, un breve suspiro desde el frente donde decía cocinar para sobrevivir.

Por qué es importante

Este drama sacude la calma de muchas casas. Es importante porque revela una grave violación a los derechos humanos y un patrón de engaño internacional. Jóvenes vulnerables son atraídos con promesas falsas para ser utilizados en un conflicto ajeno.

La falta de información y el silencio oficial dejan a estas familias en un limbo insoportable. Pone en cuestión la protección que los estados deben ofrecer a sus ciudadanos, especialmente en el extranjero. Cada desaparición es una herida abierta en la confianza y la justicia.

Qué dicen las partes

Las madres, con voz entrecortada, narran su dolor y desesperación. Roxana Rosabal cuenta la evasiva de la Embajada de Cuba en Moscú: su hermano “no aparece como fallecido, pero tampoco dicen dónde está”. Es como si se lo hubiera tragado la tierra.

Yamileth González recibió versiones contradictorias sobre el destino de su hijo. Una mujer, presentándose como abogada, le dijo que su hijo estaba muerto, pero no hay registro oficial. “No tengo un documento, una confirmación. Nada oficial”, lamenta. Del lado ruso y cubano, según las familias, prevalece un silencio sepulcral, sin respuestas claras ni asistencia consular efectiva.

Qué viene ahora

El camino que se abre es largo y sombrío. Las familias, sin recursos para seguir la búsqueda, claman por cualquier información. Continuarán tocando puertas, preguntando en el vacío, aferradas a la esperanza de un milagro, de una señal que rompa el muro de silencio.

El llamado de alerta resuena fuerte: “Si alguien les ofrece ir a Rusia, no se dejen engañar”. Un grito de advertencia para que otros jóvenes no caigan en la misma trampa. La incertidumbre sobre el paradero de estos hombres sigue siendo una herida abierta, esperando justicia o al menos la verdad.

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