Cuba se apaga: Déficit eléctrico histórico sume a la isla en cortes continuos

viernes, 30 de enero de 2026

En pocas palabras

Cuba enfrenta apagones históricos y un déficit eléctrico severo. La isla registra cortes continuos, con una infraestructura envejecida que no cubre la demanda creciente.

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Qué pasó

Una sombra se ha posado sobre Cuba, y no es la de una nube pasajera. La isla, desde las primeras luces del 30 de enero de 2026, vive sumida en una serie de apagones que no dan tregua. Es la crónica de un déficit eléctrico que se estira como chicle, dejando la generación muy por debajo de lo que la vida diaria exige.

La luz se va, y con ella, un pedazo de la rutina de miles. La demanda de energía simplemente desborda lo que el sistema puede ofrecer, dejando un panorama de incertidumbre en cada hogar y negocio.

Dónde y cuándo

Esta penumbra se siente en cada rincón de Cuba, con el viernes 30 de enero de 2026 marcando un día especialmente duro. Pero la historia viene de antes: el 29 de enero, la isla ya había bailado al ritmo de 24 horas de cortes, alcanzando un pico de casi 1.900 megavatios de afectación justo cuando el sol se despedía.

Las ciudades y los campos se quedan a oscuras. Es la hora de la cena, la hora de las noticias, la hora en que el país debería encenderse, pero no lo hace.

Por qué es importante

Esto no es un simple inconveniente; es un nudo en la garganta del día a día cubano. Para las familias, significa la nevera que deja de enfriar, la comida que se echa a perder, el ventilador que se calla ante el sofoco. Para los pequeños comercios, es la persiana que baja antes de tiempo, la venta que no se concreta, el trabajo que queda a medias.

Los apagones se han vuelto una constante, un telón de fondo que dibuja un desafío gigantesco: cómo mantener viva una nación que se nutre de electricidad, con una infraestructura que parece decir basta.

Qué dicen las partes

Desde la Unión Eléctrica (UNE), los números no mienten y son fríos como la noche sin luz. En la mañana del 30, la disponibilidad era de apenas 1.220 megavatios, mientras que la gente pedía 2.000. Un hueco inmediato de casi 900 megavatios.

Para la noche, el pronóstico es más sombrío: se esperan más de 3.000 megavatios de demanda y solo 1.325 disponibles, abriendo un abismo de más de 1.700 megavatios. La culpa, en parte, la tienen las centrales térmicas, como las de Mariel, Nuevitas o Felton, que andan de mantenimiento o con averías. La energía del sol, aunque avanza, no alcanza para tanto.

Qué viene ahora

La esperanza se aferra a la promesa de que algunas unidades térmicas regresen al ruedo, pero el camino es lento y las máquinas, viejas, siempre guardan un as bajo la manga para fallar. Así, los ciudadanos se preparan para más jornadas oscuras, más calor, más paciencia. Los ojos están puestos en soluciones de más calado, en invertir en energías que no fallen y en darle un respiro a un sistema que pide a gritos una renovación.

Pero el cuándo y el cómo de esa luz definitiva, eso es una historia que aún está por escribirse.

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