Cuba a Oscuras: Ulises Toirac Canta el 'Adiós Lolita' a la Electricidad en La Habana

viernes, 23 de enero de 2026

En pocas palabras

El humorista Ulises Toirac lamenta las constantes interrupciones eléctricas en La Habana, reflejando el hartazgo y la desesperanza de la población cubana ante la crisis.

Mas detalles

Qué pasó

En el corazón vibrante de La Habana, donde el pulso de la ciudad no debería detenerse, la luz eléctrica se ha convertido en una visitante fantasmal. Llega sin aviso y se esfuma con la misma rapidez, dejando tras de sí un rastro de oscuridad y frustración. El aclamado humorista Ulises Toirac, conocido por su ingenio y su capacidad para plasmar la realidad cubana, ha puesto voz a este fenómeno cotidiano.

Con un tono que mezcla nostalgia y una resignación palpable, Toirac compartió la vivencia de un "adiós Lolita", la despedida efímera de la electricidad. Narró cómo, apenas pasadas las tres de la tarde, la energía apareció solo para desaparecer unos minutos después. Esta frase, cargada de melancolía, encapsula la sensación de pérdida y la rutina de desilusión que muchos cubanos experimentan a diario. Es un reflejo de que, más allá de los grandes temas políticos o económicos, la vida se construye sobre estas pequeñas, pero constantes, interrupciones.

Dónde y cuándo

Esta escena, que bien podría ser parte de un guion de cine, se desarrolló el pasado jueves en La Habana. Desde su balcón metafórico, Toirac observó cómo la capital, que debería ser el motor del país, se sumergía una y otra vez en la penumbra. Con su pluma, pintó la imagen de una ciudad que, como un faro que parpadea intermitentemente, lucha por mantenerse visible en la noche.

La comparación que hace Toirac es contundente: "el régimen de oscuridad en 'la capital de todos los cubanos' ya se parece al absurdo criminal que se vive en provincia hace años". Esto subraya que la situación crítica que antes era ajena a la capital, ahora la abraza con fuerza. No es un evento aislado, sino una constante que se arraiga en el paisaje urbano y en la memoria colectiva, marcando el ritmo de un día a día impredecible.

Por qué es importante

La importancia de estos apagones va mucho más allá de la simple falta de luz. Es un síntoma claro y doloroso del fracaso estructural que atraviesa el sistema eléctrico de la isla. Para el cubano de a pie, significa ver cómo los alimentos se echan a perder en neveras sin frío, cómo los niños no pueden estudiar al caer la noche y cómo las pequeñas empresas no logran operar con normalidad. Cada interrupción es un golpe a la ya frágil economía familiar y nacional.

Toirac resume esta paralización en un círculo vicioso demoledor: "no hay dinero-no hay combustible-no hay luz-no se produce-no hay dinero". Este ciclo no solo ralentiza la producción de bienes y servicios, sino que también ahonda la desesperanza en la población. La calidad de vida disminuye exponencialmente, y la posibilidad de un futuro mejor se ve oscurecida por la falta de lo más básico, afectando la moral y la resiliencia de la gente.

Qué dicen las partes

El humorista, con la agudeza que le caracteriza, señala una desconexión entre el discurso oficial y la realidad que palpa la ciudadanía. La narrativa de una pronta recuperación energética, que a menudo se escucha, no encuentra eco en la experiencia cotidiana de cortes y racionamientos. Toirac afirma que "esa lógica falla en el punto de que la curva de desaceleración se pronuncia exponencialmente", indicando que los esfuerzos no compensan el rápido deterioro.

En este panorama, la voz de Toirac se erige como la del pueblo: "La población anda 'obstiná' de carestías, vicisitudes y desesperanza, viendo que no se mueve 'la bolá' pa ningún lado". Sus palabras no buscan encender la polémica, sino simplemente describir una realidad innegable. La "candelá va sola", es decir, la situación se agrava por sí misma, sin necesidad de exageraciones. Es un testimonio de cómo la crisis estructural permea la existencia de cada individuo.

Qué viene ahora

Mirando hacia el horizonte incierto, la escena parece continuar con la misma cadencia interrumpida. Toirac sugiere que los cortes de luz en la capital no son incidentes aislados, sino que están camino a convertirse en una característica crónica de la vida. Con pesimismo, advierte que la tendencia apunta a un empeoramiento, no a una mejora, dejando a la sociedad en un estado de vulnerabilidad y tensión permanentes.

Los próximos pasos, por tanto, serán observados de cerca. ¿Cómo responderá la población ante esta normalización del absurdo? ¿Se buscarán soluciones reales o se seguirá navegando en la penumbra? La mirada se posa ahora en la capacidad de resiliencia de los cubanos y en si las autoridades lograrán revertir este ciclo antes de que la desesperanza se asiente definitivamente en cada hogar. La incertidumbre pende como una pesada cortina sobre el futuro inmediato.

Comentarios

Cargando...
Cargando comentarios...