La Habana: Díaz-Canel Despliega un "Teatro Militar" en Medio de la Crisis
domingo, 1 de febrero de 2026
En pocas palabras
Miguel Díaz-Canel escenificó un ejercicio militar en Tamarindo, La Habana, con armamento obsoleto, buscando proyectar una imagen de defensa nacional. La puesta en escena generó escepticismo y burlas entre la población.
Mas detalles
Qué pasó
En el corazón de La Habana, en el barrio de Tamarindo, municipio Diez de Octubre, se levantó un telón para un espectáculo particular. Miguel Díaz-Canel apareció de verde olivo, con el rostro serio y rodeado de generales. La televisión cubana lo transmitió como una gran gesta.
Era, a todas luces, una especie de simulacro militar. Se hablaba de "preparación combativa", pero las cámaras mostraban fusiles de antaño y un decorado que parecía sacado de otro tiempo. Una puesta en escena, sin duda, para el ojo público.
Dónde y cuándo
La escena se montó en Tamarindo, un rincón del Diez de Octubre habanero. Fue captada por las cámaras y emitida el domingo 1 de febrero de 2026, según el reporte. Allí, bajo un cielo de compromiso, Díaz-Canel se movía entre tropas y armamento.
Vecinos, convocados más por la inercia que por la convicción, observaban la representación. La ciudad, con su pulso lento y sus propios fantasmas, fue testigo de este desfile de intenciones. Los objetos exhibidos parecían más propios de un museo que de un conflicto real.
Por qué es importante
Este evento, más allá del simulacro, es un guiño al pasado. Demuestra la insistencia del régimen en mantener viva la narrativa de una "Guerra de Todo el Pueblo". Busca desviar la mirada de la gente de los problemas cotidianos que apremian: el colapso económico y los apagones sin fin.
Es una forma de cerrar el debate sobre la verdadera crisis. La puesta en escena pretende reafirmar una autoridad que, para muchos, ya no convence. Se defiende más un relato desgastado que una realidad palpable.
Qué dicen las partes
Por un lado, el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana presentó la jornada como un acto vital de "unidad revolucionaria". Se dijo que cada cubano debe encontrar su lugar en la defensa del país. El mensaje era claro: firmeza y preparación ante cualquier amenaza.
Pero en el otro balcón, el de las redes sociales, la gente veía otra cosa. Allí, el ejercicio se narraba como un acto de "poder vacío". Un "simulacro" que provocaba más risas y memes que un verdadero fervor revolucionario. Una desconexión evidente entre el discurso oficial y la percepción popular.
Qué viene ahora
Es probable que sigamos viendo más capítulos de este "teatro político-militar". El régimen, aferrado a su guion, continuará intentando revitalizar una épica que se desvanece. Se mantendrá el intento de proyectar una imagen de fuerza y control.
La brecha entre la narrativa oficial y lo que vive el ciudadano común se hará cada vez más ancha. La escena en Tamarindo, entonces, no fue el final de una batalla, sino apenas un acto más en una obra que lucha por mantener su audiencia. Estaremos atentos a los próximos actos de esta función.
Comentarios